«Estoy sensible porque es el día del gato»

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Mauricio Macri se largó a llorar arriba del escenario en el cierre de campaña bonaerense de «Juntos por el Cambio» en Vicente López. 

«Estoy sensible porque es el día del gato», bromeó el presidente luego de lagrimear. En el Gobierno decidieron hacer un intento por capitalizar el apodo que nació con una connotación negativa hacia la figura del Jefe de Estado -en la jerga carcelaria, el «gato» es el alcahuete del pabellón-. Es por eso que Macri se ha referido varias veces a sí mismo como «gato» en público e incluso sus militantes difunden imágenes con la consigna #YoVotoAlGato.

Macri se emocionó al elogiar a la gobernadora de la Provincia, María Eugenia Vidal, que también se había quebrado en partes de su discurso. El tono del presidente fue más sereno que el de dos días atrás en Ferro, cuando gritó desencajado que la Ciudad «no se inunda más». 

Esa muletilla fue repetida este  jueves desde las gradas por una de las mil personas que participaron del cierre en el Centro Asturiano de Vicente López, a pocas cuadras de la Capital, el mismo lugar elegido para el cierre de las primarias de 2017. «Es una cábala», dijo el anfitrión Jorge Macri, el primo, que pidió «convencer a aquel que tiene los dientes apretados pero no quiere volver atrás». 

Entre los asistentes estuvo Miguel Pichetto, que hizo su ingreso al recinto en el momento en el que los parlantes transmitían La Cobra de Jimena Barón. También estuvieron Horacio Rodríguez Larreta y un taciturno Marcos Peña, que se tuvo que sentar al lado del armador bonaerense, Federico Salvai.

«Es muy importante que vayamos todos a votar. No volvemos al pasado. Bonaerenses, los quiero a todos juntos, con fuerza, apoyándonos este domingo, por favor», pidió el presidente. 

Vidal también había sido directa en el pedido a los bonaerenses para que asistan el domingo a la votación. «Ahora no podemos bajar los brazos. Les tengo que pedir que me sigan sosteniendo la mano», dijo la gobernadora con la voz ronca.

Antes de Vidal habló su vicegobernador Daniel Salvador, que extendió el discurso más allá del esfuerzo del sonidista para evitarlo. El ritmo tropical a decibeles que superaban el umbral del dolor no pudo detener al radical cuyo semblante no aparece en la boleta